‘Con la danza quiero dejar algo en cada ciudad’ Entrevistamos a Sharon Fridman.

  • ‘Con la danza quiero dejar algo en cada ciudad’ Entrevistamos a Sharon Fridman.

Éste bailarín y coreógrafo israelí nos habla tras un ensayo con un brillo en la mirada que solo la danza parece producirle. 

Cercano, tremendamente sensible y con una capacidad creativa capaz de traspasar fronteras, llega a Alcobendas con su espectáculo Free Fall. Y es que la danza no es sólo técnica. Es sentido, sensibilidad, emociones, sensaciones y hasta una libertad que de otro modo no conseguirías. Con su Compañía Sharon Fridman ha conseguido crear comunidades y un proyecto de danza colaborativa que no te dejará indiferente. El espectáculo Free Fall llega a Alcobendas para celebrar el Día Internacional de la Danza y demostrar que la danza está al alcance de todos. Esta tarde se representará en el Teatro Ciudad de Alcobendas a las 20:00h y aún puedes adquirir tus entradas desde 9€ en ticketea.com

Cuéntanos cómo comienza la historia de Free Fall para Sharon Fridman. ¿Cómo es este proyecto tan colaborativo?

Todo el proyecto de danza y comunidad, que es como voy a llamarlo, nace en 2012. Empiezo a dibujar una idea que se llama Rizoma, que es la respuesta a qué se puede hacer con nuestros cuerpos y nuestra pasión. De ahí sale el invitar a personas que en algún momento de su vida estuvieron relacionadas con artes de movimiento o simplemente tenían la pasión de probarlo, y hacerlas entrar en un proceso de creación que duraba 15 días. En este tiempo trabajamos con todo el equipo la escucha al otro y desde ahí, una composición coreográfica que se presenta al final del proceso. Se representó durante el amanecer para sorprender al sol y enseñarle que la sociedad puede cambiar su ritmo, a apoyarse el uno al otro. Creamos así una red de 100 personas y me di cuenta que esas coreografías que estábamos desarrollando en el estudio, podrían existir dentro de esa red. De esta manera respondemos a la pregunta de si las coreografías puedes existir dentro de la sociedad, con ella. De ahí nace Caída Libre, de una parte de Rizoma que se transforme en un nuevo mundo que se llama Free Fall. Además de crear danza y composiciones coreográficas, estamos generando con el proyecto comunidades de danza en diferentes partes del mundo. Generamos comunicación entre ellos, en personas con un interés común. La danza así cruza esa línea conceptual para profesionales y deja que los amateurs puedan ver qué podemos hacer. Ahí descubrí un territorio sin fin porque hay mucho que aprender del movimiento del amateur, sobre qué podemos darle y qué podemos recibir de él.

Parte de la riqueza de una pieza reside en el sentimiento de grupo, en una complicidad que se consigue a lo largo de los años y que tú en tu obra no tienes, ya que empiezas de cero. ¿No te parece difícil conseguir esa complicidad?

Trabajar con grupos es mucho más complicado que trabajar sólo con un individuo, a nivel de trabajo y de comunicación. Llevo toda la vida creando y trabajando como coreógrafo y aún así cada día descubro algo nuevo sobre cómo manejar el grupo, a nivel artístico, psicológico, energético y hasta políticamente, ya que hay ocasiones en que creamos un grupo en un país que no apoya proyectos como este. Mi trabajo al final es como una metáfora. Trabajo el ‘contact’, que es el contacto con el otro, la escucha con el otro. Se puede extrapolar a la danza misma, el contacto con el espectador.

¿En qué momento decidiste dedicarte al estilo que es ahora tu sello de identidad?

En un momento de mi vida acepté que tenía que ser este estilo. Yo crecí con el contact en mi casa, pero en un principio no era mi pasión ni mi meta, ni lo estudié. Comencé a bailar folclore israelí por la pasión de moverme y de descubrir el mundo, porque me dijeron que una vez al año el grupo de danza hacía un intercambio en el extranjero, y salir de Israel a través de la danza era mi gran reto. Vivía con mi madre, que tenía una enfermedad llamada Arnold Chiari que le impedía tener, podría decirse, una referencia de lo que es una línea recta y estable. Esta enfermedad provocaba que su cuerpo estuviera en movimiento continuo a no ser que tuviera una referencia. Yo se la proporcionaba a través del contacto, y esa necesidad de conexión y de encontrar un centro para ello es en realidad de donde viene mi estilo de danza. Durante muchos años bailé diferentes estilos pero no terminaba de conectar con la danza, y en un momento paré y volví a ese origen.

Fundaste tu compañía Sharon Fridman hace casi 10 años. En ese momento, ¿imaginabas alcanzar el éxito que ahora mismo cosechas?

Comencé con un dúo. Me encontraba en España y no sabía que hacer con mi cuerpo y con mi mente. Estaba aburrido y necesitaba hacer algo después de estar muchos años en una compañía como bailarín. Preparé una obra y la presenté a un certamen coreográfico de Madrid hace 10 años, y casi sin querer recibimos cinco premios coreográficos y numerosos apoyos públicos. Nunca pensé que pudiera pasar y estoy siempre muy agradecido por todo lo que me ha pasado: el premio Max, el de Alicia Alonso de Cuba, el de Nueva York… Premios importantes que me hacen sentirme agradecido. Han cambiado muchas cosas desde que empecé con la compañía.

¿Cómo se despertó en ti la idea de llevar a cabo este innovador proyecto?

El proyecto aún está en proceso y ahora que estamos cerrando el círculo, pero abriré uno nuevo. Estoy recibiendo llamadas de otras compañías y el año que viene crearemos con este concepto obras nuevas, pero manteniendo el paisaje humano y local, conectado con el lugar donde estemos y de donde venimos. Es un proyecto en dos partes, una grupal, y otra también en grupo pero girando sobre un solo. Incluirá también el taller y compartiremos la filosofía y la manera de trabajar que ahora tenemos. Queremos dejar algo en la ciudad.

Hoy, viernes 28 de abril, interpretarás junto a tu compañía y 20 voluntarios de Alcobendas, la obra Free Fall. ¿Cuáles crees que son las ventajas de trabajar con un grupo compuesto por bailarines con los que nunca antes habías trabajado?

En cada proyecto es un riesgo. Cada estreno. Al final solo trabajamos 3 días con esas personas, no las conoces a fondo, no sabes como reaccionarán. Pero asumo que lo que el proyecto en sí da, es más grande que cualquier cosa artística que puede no funcionar en el escenario. EL sentido no es la presentación en sí misma, sino todo lo que conseguimos con él, acercar la danza, hacer esa comunidad de la que hablamos. Siempre surge la pregunta de qué es más importante, la composición coreográfica o el proceso creativo. Con este proyecto el proceso creativo es mucho más intenso.

¿Cuál es la mayor dificultad que te encuentras al acoplar tu obra en tan solo 4 días a 20 completos desconocidos entre sí?

Es un trabajo de repetición para mí, y llegar con la fuerza y las ganas de generar todo eso es la parte más costosa. A nivel energético es duro porque hay momentos en que el proyecto se repite durante varias semanas en diferentes países, y el desgaste físico es importante. Llegar con la frescura y la atención a los detalles es un gran trabajo. Expandir la red me da la oportunidad de trabajar en nosotros mismos, y que deje de tratarse de un trabajo individual.

Para ti, ¿qué significa Free Fall?

Es una utopía. Una sociedad en la que el individuo queda a un lado y genera una red para la caída de ese individuo. Cada persona deja a un lado su ego, y su necesidad de pisar al otro para ver mejor. Es algo que falta en nuestro mundo, y que realmente es lo que para mí significa Free Fall.

La danza es un lenguaje universal. ¿Qué mensaje quieres transmitir a cualquiera que vea tu espectáculo?

Quiero abrir su paisaje emocional y que sea tocado por algo que no sepa qué es, porque creo que las soluciones para el mundo vienen de lugares que no conocemos. La intuición nos dice que es la solución, pero no sabemos que es. El miedo más grande del ser humano es esa ignorancia, pero también su única manera de encontrar algo nuevo.

La obra que se interpretará en Alcobendas nos habla de una lucha constante, una caída continua y diaria. En tu vida, ¿qué significado han tenido las caídas que has sufrido? ¿Eres de los que te levantas con más fuerza al caer?

Las caídas que sufre una persona que dedica su vida a la danza son bastantes a muchos niveles. Así fue como acepté lo que está ocurriendo y vi que el tobogán de la caída me puede dar velocidad para impulsarme más arriba. Cada vez que abandoné, descubrí fortaleza en mí. Cada problema al final es una caída, de confianza, de tensión, de muchísimas cosas, pero voy trabajándolas y ahora me dejo caer, siento ese dolor y sé que a la mañana siguiente me despertaré con más fuerza. Es un sufrimiento que me hace aprender. Acepto las caídas como parte de la vida y no como un problema. Son parte de mi camino.

¿Qué dirías que es lo más enriquecedor de tu trabajo como coreógrafo?

Para mí trabajar con gente y no caerme solo. Me volvería loco si no pudiera comunicar de esta manera. Uno puede crecer mucho dentro de él mismo, pero sino consigue crear el vínculo con el exterior, se muere con esta información no compartida. El trabajo para mí es profundizar y conseguir información a través de la escucha y compartirlo. No dejarlo nunca en mí, sino vaciarme para volverme a llenar. Cada día es diferente en este proyecto, porque cada persona es distinta, tiene energías diferentes, y es apasionante poder trabajar así con los cuerpos. Trabajar con el movimiento del cuerpo, me hace sentir que estoy sanando.

¿Qué retos a corto plazo tiene a la vista tu compañía?

Vamos a un tercer paso la semana que viene, en el que difuminamos los límites entre lo que es un taller y lo que es un espectáculo. La gente viene a vivir una experiencia donde reciben y dan y convierten el espectáculo en sí. Se presenta la semana que viene en Murcia, y se llama ‘Tú y las formas’. Es un experimento con un formato nuevo de danza que haremos con 200 personas en el Teatro Circo Murcia, y está incluido en unas jornadas de inclusión social. La idea es incluir a todas las minorías en un taller con performances donde no hay límites. Ese es el gran reto y lo haré junto a mi dramaturgo, Antonio Ramírez, que es una persona muy importante para mí. En este proyecto también participan Sergio García, diseñador de luces, e Iñaqui, de sonido, y todo el equipo de la compañía que también trabaja en este proyecto. El 22 de Junio tenemos otro gran proyecto en Conde Duque, que promociona el Museo de Arte Contemporáneo madrileño. Es un trabajo con pinturas de la movida madrileña de los 80, y tengo el privilegio de colaborar con numerosos artistas. Se pintará en directo, se proyectará ese lienzo bajo los bailarines, habrá música original en directo y será un proyecto precioso, original y muy grande. Estamos deseando veros allí.

Autor

redacción
Equipo de redacción de enalcobendas.es
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